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Photo by Ernesto Garcia

Por Max Barbosa. - www.teatroenmiami.com

El reloj dodecafónico es una puesta en escena ritual:

Madre sufre durante las doce horas que preceden su cumpleaños sesenta y cinco porque después vendrá el anonimato para “ dormir, comer, fornicar”. Hijo descubre que lo es por error.

 

Puta decide vengarse de ella a través del error que es Hijo. Atropo, Laquesis y Cloto, únicos conocedores de que lo sucede y sucederá, son imprescindibles alter egos. Trágicos personajes incapaces de variar sus destinos aunque lo intenten. De ahí la riqueza dramática de cada uno de ellos en aras de individualizarlos en el conflicto que los atrapa. La complejidad de la historia exige relatarla de forma también compleja.

Sandra García (Madre) logra la mejor actuación que he visto desde que ella y Ernesto dieron hacia la luz Teatro en Miami Studio el año pasado. Impacta su estentóreo lamento al iniciar la presentación a modo de presagio que nos permitirá admirar la técnica de una actriz que utiliza los recursos inherentes del actor- voz, cuerpo e imaginación-consecuentemente. Maquillaje, vestuario y otras posibilidades escénicas supeditadas a la concepción del rol, no a la inversa. Y es que el personaje lo requiere.

Madre fue una actriz respetada y deseada. Al nacer Hijo en contra de su voluntad, decide eliminarlo; pero cuando lo tira de un puente, ve la soledad de sí misma y lo salva para condenarlo al aislamiento más absoluto, enjaularlo. El, tullida las dos piernas, será un escritor sin lectores cuyas obras las publica Madre quien se valdrá de Puta, ex relación lésbica, con el fin de que Hijo “ satisfaga sus necesidades de hombre”. Egoismo al extremo. Sólo Atropo, Laquesis y Cloto gozarán de cierta moderada independencia. Emiten los pronósticos desde el mundo que cohabitan en la interioridad de Madre.

Ernesto García nos ofrece el talante de concreción que posee por el hecho de ser creador y gestor del acontecimiento, impregnándole su impronta a cada detalle por mínimo que parezca; sólo un artista que escribe, dirige, diseña el vestuario, luces, programa de mano,compone la música, trabajos computarizados, etc, etc, sabe que la puesta le pertenece. Pero lo valedero en sí, además, es la cohesión del espectáculo con el espacio escénico, con ese diminuto espacio escénico de Teatro en Miami Studio que nos da la impresión de amplitud debido al uso del mismo mediante plataformas que sugieren elevación y perspectiva.

Admirable la escena donde Madre se autocrucifica mientras expresa el soliloquio del rescate de Hijo de frente al público, trazando, al mismo tiempo, un círculo sobre un telón a sus espaldas que simboliza el reloj que le marca la angustia de las horas que transcurren; texto y movimiento sin dependencia mutua.

Elocuente la imagen de Madre Joven ( Nirma Necuze o Mercy Jimenez) durante el soliloquio mencionado: en un plano superior, Madre; en otro inferior, Madre Joven, casi a los pies de aquella, también frente al público, vestida de blanco y cubierta la cabeza con un velo del mismo color, sosteniendo en sus brazos al niño que lanzará al abismo. Blanco es pureza; el velo connota religiosidad.

Como han señalado otros colegas, se observa el incremento cualitativo del grupo de actores y actrices vinculados con Sandra y Ernesto. Las Putas de Lis Nicot y Marcia Stadler convencen debido a la incorporación del personaje sin prejuicios. El trío de Christian Ocón, Ivette Kellems y Annimary Martínez se mueven al compás del conflicto cual juglares acostumbrados a trabajar en las obras protagonizadas por Madre. Ocón comienza a manifestarse como un actor en ascenso. Ahora bien, ¿ qué pasa cuando un actor refleja el personaje exteriormente con el vestuario y maquillaje apropiado, incluso manipula la utilería con facilidad o se mueve como requiere el montaje a pesar de que al decir el texto su interpretación carezca de los matices que necesita? Creo que esta es la dificultad de Carlos Bueno y Javier Cruz en la caracterización de Hijo.
Por cierto, no encuentro la justificación de cómo Hijo obtuvo el revolver con el cual mata a Puta para vengarse de Madre si él, en ningún momento, intentó salir al mundo; cuando quiso, fue para suicidarse y dejar a Madre en la soledad que siempre temió donde es imposible “ dormir,comer,fornicar”.

Sí, amigo lector, El reloj dodecafónico es una puesta en escena ritual.

 

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