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Photo by Ernesto Garcia

Por Jesús Hernández (Diario Las Américas)

Un título sugestivo es cuando menos atractivo. Mejor aún si va acompañado de un argumento que, sin pretender ser provocador, provoca atención. Una obra como Enema, escrita y dirigida por Ernesto García, que presentan en la sala Teatro en Miami Studio estos días. Pieza que coloca al autor en un punto decisivo de su carrera y le confiere mayor responsabilidad.

 

Todos sabemos que el libre pensamiento ha sido siempre tema de manipulación por parte del poder. Nadie puede negar la existencia de reyes que mataron por cubrir la verdad, inquisiciones que quemaron por prepotencia y dictadores perpetuados en el trono por medio de la mentira. Situaciones que suscitaron el aniquilamiento de grandes pensadores y avances de la humanidad. Aún peor, suscitaron la mutilación de la libertad. Tema que hilvana el argumento dado por Ernesto para plantear un canto a la liberación del pensamiento. 


El autor propone a un escritor del siglo XVIII que, extenuado de la escritura presumida, dictaminada y socavada entonces; decide liberar su pensamiento y escribir para el futuro. Un porvenir que sitúa en nuestro tiempo porque nos imaginaba libres y capaces de comprenderlo.

Ernesto emplea el uso del verso, tan arraigado en aquellos tiempos, para resaltar el tono de la época. Se libra del uso prolongado de metáforas y resulta ser más creativo en las citas. Emplea menos efectos visuales porque desarrolla el argumento con un tono más realista y no deja de matizar detalles con interpretaciones simbólicas. A esto suma la técnica de la sátira para plantear la tesis e imaginar un texto escrito por el personaje que saca a flote singularidades humanas y reprimidas. Por ejemplo, visualiza al hombre con el trasero en otro sitio, pero los mismos deseos carnales de siempre. Sentimientos muy profundos y arraigados que nos empecinamos en negar. Incluso escenifica fragmentos del susodicho texto futurista y le hace un guiño a la comedia burlesca para reforzar la representación de la época.

Luego, sorpresivamente, para darle énfasis a la fuerza del poder en aquellos tiempos, el autor devela que el personaje del escritor es un cura. Un cura devoto de sus convicciones cristianas, pero también un ser humano y escritor. Situación que provoca el disgusto de la autoridad en manos de la Iglesia, conlleva a más sátira y lleva el desenlace a una asombrosa vuelta que evita la temida hoguera.

Ernesto, que también es el escenográfo, músico compositor, luminotécnico, fotógrafo e incluso diseñador de vestuario, como acostumbra a ser en todas sus representaciones, emplea una escenografía con matices minimalistas, pero igualmente funcional, en medio de una caja negra. Una mesa situada en el centro es escritorio primero y altar o ara después, donde el cura escritor trabaja y descansa. No obstante, el personaje no es presentado en el oficio de la misa. Detrás está el tablado elevado donde surgen las escenas del texto prohibido y luego la imagen impresionista pintada sobre la pared, también realizada por Ernesto, de un Cristo crucificado.

Ariel Texidó encarna al personaje escritor cura con una fuerza dinámica que transmite sucesión, sentimientos y pesares. Una caracterización que incluso realza la representación de la obra, ante un elenco que queda subordinado a su actuación. Elenco que es fruto de la escuela taller que Ernesto y su esposa, la actriz Sandra García, imparten. Detalle que, dado el punto decisivo que esta obra confiere al autor director, deben tener en cuenta para futuras representaciones.

Anniamary Martínez y Leandro Peraza, que será doblado por Lis Nicot en algunas funciones; traen el bálsamo necesario con la caracterización del pasaje que nos recuerda a la comedia burlesca. Marcia Stadler interpreta a Dolores, la asistente del cura escritor, con una sutil inocencia que agrada mayormente, pero excede por momentos. Carlos Bueno personifica al otro cura, un inquisidor por naturaleza, que trata con humor esquemático. Asimismo, Ivette Kellems conduce al personaje de Sor Casta por un camino que resulta ser torpe e igualmente esquemático, mientras Nirma Necuze es la monja que escucha, dice algo y apenas se hace sentir. Christian Ocón, que es actor consagrado de Teatro en Miami Studio, logra imponer el papel de obispo que le corresponde.

Plantear la fuerza del poder de entonces en manos de la Iglesia es una realidad histórica innegable. Personificar al escritor en la piel de un cura, que puede ser un astrónomo e incluso una joven cortesana o ama de casa cualquiera, es tema válido para el debate. Pero la obra tiene varias lecturas entre líneas y la respuesta inminente la encontramos en el deseo del autor de hacer un teatro que artísticamente sea creativo, rompa esquemas y provoque reacciones.

Enema
Teatro en Miami Studio
2500 SW Calle 8, Miami
Viernes y sábado, 8.30 p.m.
Teléfono 305 551-7473
www.teatroenmiami.com

 

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