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Fifty Fifty - TEMS

Por Angel Cuadra - Diario Las Américas

El pasado viernes 25 de marzo, en la pequeña y acogedora sala de Teatro en Miami Studio, se llevó a cabo el estreno mundial de la obra “Fifty Fifty”, del dramaturgo y, a la vez director de la misma, Ernesto García.

 

La obra podemos definirla como una especulación filosófica y su consecuente crítica a la sociedad y los individuos que interactúan en la misma. Fuera, o más allá, del tiempo y el lugar, los seres humanos afrontarán similares problemas, anhelos, bienandanzas y frustraciones, triunfos y fracasos, alegrías y sinsabores –mitad y mitad-, que al ser humano lo cercan y lo abruman. Parece como si oyéramos el eco de aquellos versos de César Vallejo: “Y el hombre… Pobre…Pobre” Vuelve los ojos, como/cuando por sobre el hombro nos llama una palmada”. 


Efectivamente “Fifty Fifty” le da esa palmada que, en cierto momento, lo hace volver el rostro y reflexionar. Unas veces estamos arriba y otras veces estamos abajo. He aquí el misterio que nos gobierna como un secreto que, revelado, podemos hacer llegar a los demás.

La acción de “Fifty Fifty” gira alrededor de Felicia, mujer cercana a la tercera edad, que un día recibe el enigmático encargo de difundir la comprensión, en un sobre cerrado que le entrega una desconocida en una parada de ómnibus.

Allí coincide con ella más tarde una actriz, abrumada por el afán desmedido y agobiante de triunfar en su arte. En otra ocasión aparece un ladrón, llevado a ese mal oficio por la necesidad, tras el despido de su centro de trabajo; y con Felicia reflexiona sobre el conflicto de las relaciones humanas. El ladrón se marcha con el sobre cerrado que Felicia le da, para que lo abra en el momento oportuno.

Una peluquera coincide en otra ocasión en aquel sitio con Felicia. Aquélla, desde el plano de los marginados, ha podido levantarse un poco y sobrevivir; y mezcla la fantasía con la realidad ante un mundo indolente, a cuya objetividad Felicia la conduce.

Fifty Fifty - TEMSFinalmente, un hombre de los llamados “vencedores”, que se levantó de la nada y adquirió poder económico. Por lo cual hace alarde de superioridad. Al fin, perdió su alta posición, y reflexiona en diálogo con Felicia, quien, a su vez, confiesa su vida matrimonial larga y buena, tronchada de pronto por la muerte de su esposo.

Entre las convulsiones de la existencia y los vanos afanes de las personas, una cosa permanece: la belleza posible de la naturaleza, sintetizada en un lago cercano en su quietud exacta. El sobre cerrado que se entrega a los personajes al despedirse, es el enigma, la revelación probable.

A pesar de la conceptuosa de “Fifty Fifty”, la puesta en escena resulta amena. Resalta la actuación de Sandra García en el personaje de Felicia, por la elocuencia de sus gestos, sus transiciones y sus atinados silencios.

Efusiva y contrariada en el papel de la actriz, resulta bien Anniamary Martínez. Muy bien caracterizado Carlos Bueno como el Ladrón, como personaje tosco y primitivo. Simpática, y en algún momento algo forzada en la comicidad, Simone Balmaseda en el personaje de la peluquera. Y, finalmente, Oswaldo Strongoli, con equilibrio y eficacia como hombre vencedor en su alarde de superioridad.

 

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