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TEMS-Curso-2012-3054Por: Rodolfo Martínez Sotomayor - para www.TeatroenMiami.com

 

 Para la celebración del quinto aniversario de Teatro en Miami Studio, su director Ernesto García ha elegido la obra Medida por Medida de William Shakespeare; una acertada selección. Por supuesto, tratándose de Ernesto no es de extrañar que veremos  una versión muy personal llamada… Y Diente por Diente, haciendo alusión a la ley del Talión aparecida en el Éxodo veterotestamentario ¿Qué? Me quedó pretencioso, ¿no?

 

Para aquellos que gusten de largas monsergas semiacadémicas con el origen, la etimología, las fuentes precisas y un largo etcétera, les diremos que se trata de una comedia publicada en 1623, aunque en la actualidad se torne difícil encasillarla en un género. Según los entendidos, la fuente es una obra en dos partes de George Whetstone, titulada Promos y Cassandra (1578). También tiene cierta influencia de la pedantesca tragedia latina de Claude Rovillet Philandia (publicada en 1556). En fin, un drama, que como en muchas otras obras del autor o “copión inglés” William Shakespeare (según la última versión cinematográfica sobre su vida llamada Anonimous), toma prestado de aquí y de allá para escribir una pieza que trata sobre la relación de los hombres con el poder, la aplicación de la justicia, la moral y la ley. Una especie de sátira política, religiosa y sexual.  Nada, que en éste toma de quien no te dio histórico, y teniendo en cuenta que no hay nada nuevo bajo el sol, bien podría decir Ernesto que se trata de una obra de su autoría con ciertas lejanas influencias. ¿Con qué moral se iba a protestar? ¿Acaso sólo a los clásicos se les perdona?

 

La sinopsis del original es simple: una ciudad gobernada por un duque que desea abandonar sus funciones por un tiempo y ser reemplazado por el severo juez Ángelo.  Un joven noble, llamado Claudio, es castigado, ya que dejó embarazada a su novia antes de la boda. Su hermana Isabel, una atractiva novicia, le implora piedad a Ángelo, quien trata de tomar ventaja de la ocasión para negociar el perdón a cambio de los favores sexuales de la novicia. Al final, el regreso del duque obliga a romper todos los planes.

 

Después de esta larga introducción, he de personalizar mi opinión hasta la médula, creo que Ernesto García mejoró la pieza. Y es que al contextualizarla, le confirió valores adicionales que tal vez en tiempos de Shakespeare no se entenderían, pero ahora, ocasionan risa al espectador: con juegos de palabras, doble sentido de buen gusto y una hilaridad más a tono con nuestros tiempos.  Las sentencias filosóficas hacen que no se trate de un simple espectáculo de evasión. Ya Ernesto, nos tiene acostumbrados a ejercitar las neuronas mientras sonreímos. Una sutil y efectiva manera de elevar el espíritu: risa y reflexión. Así son sus comedias, o así las veo yo. Pareciera que el joven dramaturgo y director (lo de joven no lo quito, ya que tiene mi edad) hubiese puesto en una licuadora de la imaginación, elementos del teatro bufo, de la picaresca española y por supuesto, con su probada capacidad de innovación nos regalara un personaje como Chucho. Anniamary Martínez ha tenido la oportunidad de incursionar en esa difícil caracterización, por aquello de que es más difícil hacer reír que llorar y ha salido airosa. Además, se trata de Chucho y no Chucha, por lo que la joven actriz (y sigo con lo de joven, aunque ella sí lo es) con el rigor de interpretación, requerido para Chucho, ha tenido que actuar dos veces (¿Esto se entenderá?). Vaya que ha tenido que interpretar a su vez otro sexo además del personaje. Con la ingeniosidad y el dominio de la escena de Anniamary, tanto ella como Chucho, cautivan, atrapan al espectador.

 

En la pieza se disfruta la inclusión de aspectos cotidianos, con una mixtura perfecta, donde hasta elAi Se Eu Te Pego de Michel Teló, roza ligeramente por un parlamento. Ángel Lucena interpreta a Lucio con dinamismo. Lucio es un arquetipo de la maledicencia, un mal omnipresente, que deriva en adicción. En el decir del personaje: el vicio de hablar mal de los otros. Osvaldo Strongoli en el papel del Alcalde se desplaza con una naturalidad por la escena, con un dominio de su oficio actoral que convence.

 

El Alcalde es quien pone a prueba a Ángelo, una necesidad de manejar los hilos del poder con la capacidad de ser justo. Fernando  Goicochea, como el Carcelero y Bernardo Bernal, como el Cura y Dimitri, tienen una notable actuación.

 

Nirma Necuze es Mariana y Tres palitos, este último papel lo interpreta con gracia, desde el recibimiento en la puerta a los espectadores, junto a Chucho y Sobrecogida (Sandra García).

 

Decir que Sandra García se destaca con una actuación magistral es pura redundancia, vaya, casi un lugar común. Un crítico que no quiera repetirse debería pedirle que por favor, actúe mal un día para sentenciarla, condenarla, en fin decirle algo diferente. Sandra es una actriz que no deja de sorprender. Sus personajes se impregnan en el recuerdo de la obra por esa fuerza vital, ese movimiento escénico preciso que entrega. Su imaginación e ingenio, se manifiestan desde el recibimiento al público. Allí comienza su actuación.

 

Simone Balmaseda interpreta a Doña Remigia, un difícil rol, del que sale airosa con sutil desempeño. Oneysis Valido encarna a Isabel, la novicia, ella cuestiona “qué sentido tiene el poder sin la clemencia”, pero es a su vez el idealismo que prefiere el dolor a las concesiones con sus preceptos morales. Oneysis Valido realiza una espléndida actuación con un movimiento escénico de experimentada actriz. Es agradable asistir a la madurez de un actor en el escenario, y éste es el caso de Carlos Bueno interpretando el personaje de Claudio. Lo cual demuestra que Teatro en Miami Studio, también ha sido una especie de ¿severa escuela? para los actores. Las dos últimas actuaciones de Carlos legitiman el método, sea cual sea, por aquello de que lo importante es el resultado. Nada Carlos: Sigue resistiendo, que la aprobación de críticos y público lo merece. Es una pena que un buen actor como Lian Cenzano, al menos en el segundo día de presentación, al cual asistí, no haya estado por momentos a la altura de la gestualidad requerida por su personaje Ángelo. Un desnivel que teniendo en cuenta su experiencia y proyección en escena debe de haberse corregido en próximas funciones. Eso espero.

 

Uno de los tantos aciertos de esta pieza sobre la doble moral, un “balance entre benevolencia y perversidad” como nos dijera su director; es el hacer al público partícipe de la misma. Con las lunetas preparadas en forma triangular, con una ancha pasarela en su centro por donde se desplazan los actores, somos en un instante parte de ese pueblo, masa que vitorea cuando quiere repudiar. Yo no sé si esa suspicacia de Ernesto García juega con nosotros como parte de esa doble moral que se condena, pero haya sido o no su propósito, bien pudiera llevarnos también a cuestionarnos nuestras relaciones con el poder. Un magnífico trabajo de luces de Ernesto García complementa la pieza. Su precisión no parece dejar escapar ningún detalle, todo llega a su tiempo. La música es parte de esa armonía, también escrita por su director. Vestuario acorde, adecuado. Y cierro mencionando lo afortunado de  ese casi “video-clip” promocional, tan exitoso como el montaje de la obra,  con una contagiosa guaracha que seduce y magnetiza con su estribillo “Ojo por ojo, diente por diente”.

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