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Drume Negrita-6(ETICIDAD EN EL ESTRENO DE ERNESTO GARCÍA)
Por Waldo González López - www.TeatroenMiami.com
Fotos: Ernesto Garcia

En las palabras suscritas en el programa del TEMFest, su director general, y también autor y realizador de uno de los más altos momentos de este esperado jubileo anual, Ernesto García, afirma con plena razón: «Las noticias nos hablan de la crisis, las promesas de los candidatos a la presidencia y el crimen. Rara vez de lo bello.»

Y enseguida se pregunta: «¿Cómo sería ese mundo de buenas noticias.». Pero, tras ampliar el status de lo que a diario nos informa la prensa en todas sus manifestaciones (escrita, televisiva, radial, por Internet…), con la verdad tan cierta y comprobable, como un puñetazo en pleno rostro, responde: «Ese mundo no llegará. To good tu be true. (Demasiado bueno para ser cierto.)»

Mas, como genuino creador, el autor de Drume negrita no ha perdido la esperanza y como —sin pacaterías— aún cree en el valor de la eticidad y cuánto puede aportar el arte al género humano, lucha por el sueño que siempre alimentó a los grandes dramaturgos (desde los trágicos griegos, pasando por Shakespeare y Cervantes, Molière y Chéjov, hasta Tennesse Williams y García Lorca, Eugene Ionesco y Harold Pinter, entre muchos otros que (desde sus tumbas o el infinito) continúan creyendo un presente mejor que nos dé acaso un ¿posible o mejor? futuro).

Algunos podrían tildar Drume Negrita de pesimista; pero no; al contrario, el también guionista de TV y realizador audiovisual, al abordar tres personajes desclasados (los «pobres de la tierra», por los que echara su suerte a andar José Martí), asume «tres puntos de vistas desde una misma moneda, porque quizás descubramos los dolores y maravillas que creemos mueven a los otros, sin sospechar que en ellos habitamos», tal subrayó en entrevista al colegamigo Max Barbosa.

Drume Negrita-16TRES SICOLOGÍAS, TRES PERSONAJES. TRES MONÓLOGOS
Ciertamente: tres puntos de vista, representados en tres personajes con diverso pensamiento, se reúnen e interconexionan en la misma pieza. Mas, veamos:
El primer monólogo —texto de compleja carga conceptual, cuyo comprobable realismo, a algunos puede resultarle pesimista— refleja el sufrido personaje de «La Mama», una joven madre que, cubana en lenguaje y actitud, refleja una inconsciente mujer contemporánea que, desesperanzada y alcohólica, al rechazar la responsabilidad y el peso de una hija no querida, la abandona de noche en un solitario parque.

Muy logrado el desempeño por la lógica cadena de acciones llevada por Simone Balmaseda, quien, gracias a su organicidad in crescendo, convence con su negativa actitud. Otro momento de altura en Balmaseda, a la que he aplaudido en otras atendibles actuaciones, siempre en Teatro en Miami Studio, bajo la égida de su colega mayor y también profesora: Sandra García.

A esta triste/cómica criatura, le sigue la más simpática de la puesta: la «Prostituta» que, interiorizada con talento y simpatía por la carismática Anniamary Martínez, encarna a plenitud las cocottes, quienes, servidoras de placer desde que el mundo es, asumen el oficio más antiguo de la Humanidad.

Harto graciosa la idónea representación, en particular por su hábil tratamiento de los destellos “filosóficos” de su soliloquio, enriquecido por la actriz con oportunas intenciones que subraya y con pausas.

Quizá el monodrama que más hondo cala entre los tres que integran la pieza (porque da esperanzador cierre a la inicial elipsis en apariencia negativa que abre la obra) es el tercero. La ingenua actitud de «Gonzalo», el joven que, por una absurda apuesta ¿con un amigo?, queda descorazonado por el amor perdido…; mas, en inesperado final, resulta el personaje que soluciona el triste, y hoy casi común caso del bebé abandonado.

La acción final del decepcionado enamorado —quien arrastra el nostálgico peso de su añorada infancia con sus padres, aumentada por la frustrante ruptura con su amada— ofrece un rayo de luz esperanzador, porque ahora podrá emprender una nueva vida, con la adopción de la abandonada «negrita Alonsa», en alusivo nombre al eterno soñador y loco feliz: el mítico Alonso Quijano, don Quijote de la Mancha.

Bien, pero si detrás de esta tercera y también cruda historia, no hubiera un sólido desempeño actoral, se invalidaría el espectáculo total. Así, Lian logra varios instantes con brillantez, gracias a sus meritorias capacidades: energía física, su proyección vocal (que le permite cantar bien) y presencia escénica

Drume Negrita-9DE LA PUESTA
Por fortuna, detrás de esta representación no está sólo la convincente labor de la tríada actoral de valía. No podemos olvidar que, tanto Simone («La Mama»), Anniamary (la «Prostituta»), como Lian (el «Gonzalo») constituyen visibles ejemplos-resultados de los rigurosos cursos realizados, desde años atrás, por Sandra García, quien así demuestra su prestigiosa labor como pedagoga, que también ha evidenciado, con su consecuente ejemplo, una continua labor actoral en puestas de esta compañía y otras de Miami.

Pero otros provechos hay en Drume Negrita, donde el igualmente compositor Ernesto García rinde tributo a esa otra pasión, tomando como pretexto la figura del recordado autor, pianista y director orquestal Eliseo Grenet, autor de la clásica canción de cuna o «berceuse» —en francés, también «nana»—, interpretada por míticas cantantes cubanas y, por supuesto, por madres de la Isla.

Y es que, como un Chaplin contemporáneo, en su tarea polifacética y multiforme, el dramaturgo Ernesto, es al propio tiempo el director de la obra, el diseñador de escenografía, vestuario y de luces, como el productor junto a su inseparable Sandra.

Pero, gracias al amplio haz de aptitudes artísticas de que goza el incansable creador, además aportó la música original, como se encargó de las partituras, los arreglos y la ejecución.

Por ello, tal siempre acontece en sus estrenos, al final de la función vespertina del domingo, tras los aplausos que siempre prodiga, de pie, el siempre agradecido público al siempre laborioso colectivo, el siempre joven barbudo (siempre tocado de negro, que nunca desciende a la platea, pues siempre se mantiene impertérrito en su siempre cercana cabina de luces y sonido), con su siempre cálida sonrisa de satisfacción, como siempre, una vez más agradeció, siempre de pie, los aplausos de los espectadores, agradecidos por esta lección de eticidad que, sin duda, entraña Drume Negrita, una puesta que ya está ubicada entre las mejores disfrutadas por el crítico durante los últimos dos años en esta ciudad, por fortuna, cada vez más adicta a la buena escena latinoamericana, como a otras valederas manifestaciones artísticas (el ballet, la plástica, las letras...).

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