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untitled (244 of 334)-1Por Angel Cuadra - Diario Las Américas


Con un título que nos hace evocar el poema “Para dormir a un negrito”, de la poesía negra de Emilio Ballagas; y también –y quizás más- una conocida canción popular, diríamos que folklórica, que tuvo su mejor intérprete en Ignacio Villa, más identificado por su nombre artístico de Bola de Nieve, Ernesto García, en “Drume Negrita”, ha escrito una obra singular, que tuvo su estreno mundial, iniciando el III Festival de Teatro de Miami (TEMFest 2012), en la sala de Teatro en Miami Studio.
“Drume Negrita” viene a engrosar la ya basta producción dramática de Ernesto García, en varias de cuyas obras observo, como tónica reincidente, la insistente y descarnada crítica de la sociedad, con el desamparo en el que muchos personajes aparecen atrapados en su destino. Y, acaso como resultante de eso, pone en boca de varios personajes una filosofía de mundana y vulgar sapiencia, en la que protestan contra injusticias, sin esperanzas de solución o alivio.
“Drume Negrita” se desarrolla con tres personajes, pero sin diálogos, pues los tres aparecen por turno en escena, en verdaderos monólogos, en los que cada uno manifiesta su problema y las circunstancias en las que le ha tocado existir.


Drume Negrita-7Aunque esta pieza pudiera situarse en cualquier país y sociedad moderna, el autor la trae a los Estados Unidos, pues la primera figura que sale a escena hace alusión a este país. Ella, que es negra o mestiza, carga con su hija recién nacida para dejarla abandonada en una cesta sobre el banco de un parque. Es un panorama de los bajos fondos sociales, con corrupción y pobreza. Su discurso, de típica chusmería, contiene una crítica a la sociedad establecida, y una filosofía mundana de queja desesperada; y, al final, tristeza y desolación. En esta “onda” representa bien su personaje la actriz Simón Balmaseda, con modales propios de ese tipo de gente.


El segundo personaje que arriba al parque es una prostituta. Se queja también del medio social que la ha arrastrado a ejercer ese oficio; ha tenido que hacer frente a la adversidad y las injusticias sociales, contra las que dirige sus críticas; y también filosofa sobre el tema, mitad trágica, mitad cómica. Ella se dirige también a la bebé abandonada, pero la deja, con indolencia, para seguir adelante, y en libertad, su rutina cotidiana. Está muy bien en este personaje la actriz Aniamary Martínez.


El tercer personaje aparece como un “travesty”, que lo ha sido, sólo en esta ocasión, como cumpliendo una apuesta, la que perdió cuando su novia, que lo había abandonado, a su regreso lo despide para siempre; y con el anuncio de haberse hecho recientemente un aborto, destruye los sueños de este muchacho, por tener un hogar convencional, con familia e hijos. En su frustrado sueño, su dolorida ternura le hace llevarse a la bebita, negra, y con ella canalizar sus ilusiones.


Bastante bien se desempeña el actor Lian Cenzano, en este personaje sin realidad, traído al ruedo –pienso yo- por el autor para marcar el contraste de claridad y tradicional pureza, frente al turbio existir de los dos personajes anteriores.
Un punto de esperanza y bien posibles, ante la corrupta y perdida inmediatez del mundo.

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