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ELENA TAMARGO
Especial/El Nuevo Herald

Dirigida por Rolando Moreno e interpretada por los actores Gerardo Riverón, Jorge Hernández y Ariel Texidó, pudimos disfrutar hace unos días de la excelente puesta en escena de Si vas a comer, espera por Virgilio, del dramaturgo y director escénico José Milián, quien era un joven con muchos intereses intelectuales cuando Virgilio Piñera ya gozaba de prestigio como reconocido escritor.La obra no sólo es un hermoso homenaje de alta expresión artística, sino uno de esos títulos llamados a integrar la memoria de nuestra dramaturgia.

De una parte, Piñera, poeta, narrador, cultísimo y cubano, considerado iniciador de la modernidad en el teatro cubano. De la otra, la comida, que para los cubanos es un ritual y ha estado presente en muchas representaciones del arte de la isla caribeña. La cubana era una cultura de mesa puesta, y desde que la mesa “no se pone”, por la escasez de comida, la familia se ha ido rompiendo.

Aquella mesa no puesta en la casa lleva al cubano a comer en la calle, como hacían Milián y Virgilio, donde establecieron excelentes diálogos y donde un joven Milián aprendía del maestro, entre reflexiones y contradicciones.

Entre los valores de esta obra se inscribe la presentación de una época fecunda en la cultura cubana y en la historia más reciente de la nación, y la reflexión sobre tópicos esencialmente humanos; todo ello desde una sinceridad profunda que le confiere un carácter de producto autobiográfico, a lo cuál se añaden los valores de una sobria y cuidada puesta en escena que privilegia el valor del discurso verbal y exige altos niveles en el trabajo del actor con su director.

Desde sus primeras presentaciones el espectáculo ha constituido un fenómeno peculiar de recepción y ha conciliado a su favor las opiniones de teatristas, crítica y público. Es una obra que ha viajado el mundo, y no pierde esencia ni actualidad.

Si vas a comer, espera por Virgilio habla de una pasión y de un destino que identifican la historia del teatro cubano, de las relaciones del artista con ese entramado tan propio como ajeno que lo circunda y lo sostiene.
En el libro de Milián sobre Virgilio, Virgiliando, el autor recuerda su relación con el maestro: “El era muy erótico, más que por una consecuencia de su personalidad, por algo intrínseco, por un propósito derivado de un autoreconocimiento. Como era una persona eminentemente analítica sabía muy bien con qué armas podía contar en la batalla de la seducción”. Milián deja ver en Si vas a comer, espera por Virgilio, y en otras sobre él, al Virgilio que tal vez nadie entendió entonces.

Milián pertenece a la generación de talentosos teatristas de la década de 1960. Dramaturgo y director escénico, autor de Vale retro, Las mariposas saltan al vacío y Mamieros hablando con sus muertos, entre otras obras de categoría inolvidable; fue Premio Nacional de Teatro, y uno de los estudiosos de la obra de Piñera, cercano a él y su admirador.
La puesta dirigida por Rolando Moreno ha cosechado triunfos. Su dirección de tres grandes actores ha sido ejemplar. También Moreno es un estudioso y admirador de Virgilio y de Milián. Las actuaciones de Jorge Hernández, Gerardo Riverón y Ariel Texidó son inmejorables.

La inclusión de canciones interpretadas por Hernández, que pertenecen al imaginario cubano, carga de emoción y de memoria al público.

 

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