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Por Luis de la Paz

El dramaturgo Virgilio Piñera, reverenciado en la isla como la gran figura fundacional del teatro cubano, fue durante muchos años (entre 1968 y 1980) un apestado, y quienes compartían con él estaban conscientes de que asumían un compromiso, que llevaba implícito un desafío al aparato del poder político y cultural de la tiranía castrista, que lo había condenado al ostracismo. Por eso, por más de una década, Virgilio fue venerado desde lejos y sólo se hablaba de su obra en círculos muy íntimos. Esta realidad, donde se combina la admiración y el miedo a ser señalado, es el eje subyacente de Si vas a comer espera por Virgilio, obra del dramaturgo José Milián, que se presenta en Teatro en Miami Studio, en una producción de Maroma Players, bajo la dirección de Rolando Moreno. La pieza de Milián transcurre en un restaurante frecuentado por Virgilio, donde coincidía con Pepe. A lo largo de la pieza se va creando un contrapunto entre ambos personajes, por un lado, los exquisitos diálogos cargados de ironía y rejuegos culturales; por el otro, la candidez de Pepe, un verdadero admirador, que quiere ganarse la amistad del maestro. Las interrupciones con pedantes exigencias de una mujer que reclama su turno en la cola para pasar al comedor, crean una ruptura en el diálogo que obliga a un regreso forzoso a la realidad cotidiana.

Rolando Moreno, tan buen director como efectivo escenógrafo, crea un ambiente claustrofóbico, asfixiante y cargado de símbolos, al valerse de dos escaleras colocadas en forma de V que permiten un juego escénico de gran belleza plástica; de una acertada roldana que sirve de enlace y vínculo entre ellos; así como de cubiertos encadenados, como es la vida en Cuba. A estos elementos le añade una luminosidad tenue, que por momentos hace aún más turbador el ambiente.

Si el marco escenográfico es un hallazgo, el trabajo actoral se crece con Gerardo Riverón, haciendo un Virgilio lo suficientemente centrado como para revivir la figura del dramaturgo, un personaje a la medida, irónico, inteligente y lleno de gracia. Esta compenetración también la logra Ariel Texidó, como Pepe. El actor logra transmitir en algunas ocasiones, con apenas una sonrisa, toda la admiración que siente por el maestro, y la amarga inquietud de no saber si Virgilio lo considera un amigo. El tercer personaje Ella, es desdoblado en varias figuras por Moreno, que aprovecha las habilidades de Jorge Hernández como guitarrista y cantante (creo que no hay obra en la que Hernández haya participado en los últimos tiempos que no cante y toque guitarra, lo que ya lo convierte en algo habitual). Sin embargo, en esta ocasión su incursión en estos menesteres es más que oportuna. Ella, como latente presencia de la miseria ambiente en la Cuba de los años sesenta y setenta, con enormes colas y escasez generalizada, queda muy bien marcada por el personaje que hace Hernández, quien es también el guitarrista del restaurante y testigo presencial, cómplice o escucha, de las conversaciones, los reclamos, las desavenencias y la lucha entre generaciones, que se suscitan entre Virgilio y Pepe.

Si vas a comer espera por Virgilio, es una obra que asume la realidad cubana de una época convulsa, como fue la de los sesenta, y que no ha terminado, tan es así, que recientemente el pintor Pedro Pablo Oliva fue criticado y expulsado de la Asamblea Nacional, por darle una entrevista a la bloggera disidente Yoany Sánchez. Nada, que es muy probable que José Milián no hubiera podido llevar a escena ninguna de sus obras si hubieran salido a pedir un espacio para Virgilio Piñera. La realidad sigue siendo la misma. Por eso la vigencia de esta pieza, que tiene al miedo como la raíz del dolor personal.

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