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Cartas-Cruzadas-13Habey Hechavarría Prado - El Nuevo Herald

Cartas cruzadas, la puesta en escena que El Ingenio Teatro presentó dentro de la cartelera del TEMFest, nos hizo un par de regalos. Uno fue disfrutar de las actuaciones experimentadas de Susana Pérez y Rocío Carmona, y el otro, escuchar el hermoso y complejo texto que la dramaturga y profesora cubana Raquel Carrió escribió sobre un diálogo imposible entre las reinas Isabel I Tudor y María Estuardo, en su época, enemigas irreconciliables.

Pero en cualquier caso, ambos aspectos se fundieron en una interpretación atenta a la belleza de los discursos, a los detalles de la actuación y a los grandes momentos dramáticos. La coherencia que enlazó los referentes históricos de la Inglaterra del siglo XVI con alusiones a tantas sociedades contemporáneas, desgarradas por los enfrentamientos políticos, solo podía venir de una coherente mano directriz. En este caso fue Lilian Vega, también cubana, quien, además de saber construir un espectáculo, conoce muy bien el sentido del teatro y a cuál tradición ella pertenece.

Dos sillas y elementos de utilería establecen los pilares de una representación centrada en el cuerpo de las actrices cubierto por trajes vistosos de épocas pasadas. Las distancias y aproximaciones de esos cuerpos, transidos de violencia y erotismo, son la otra clave para comprender una puesta en escena que reluce feminidad en formas y contenidos, en los enfrentamientos psicológicos de estas dos jerarcas rivales, en las frecuentes alusiones lésbicas y en el diálogo de las consciencias culpables que adopta diversas imágenes y acciones. La directora no solo armoniza las posibles diferencias culturales de las actrices, la intérprete cubana de Isabel (Pérez) y la intérprete española de María (Carmona), consigue, algo difícil, articular técnicas histriónicas diferentes.

Cartas-Cruzadas-31Teatro conceptual y poético, Cartas cruzadas convierte sus dos personajes en verdaderos símbolos del juego político y los sufrimientos que puede generar. Son metáforas de una realidad visceral que despliega una multitud de escenarios que van desde la razón individual o las razones de Estado, los intereses intestinos, los conflictos religiosos con fuertes consecuencias sobre las estructuras del poder, hasta el mismísimo magnicidio.

La muerte de la reina regente y el asesinato de la reina condenada, aunque ocurrieron en años diferentes, señalan una misma perspectiva –medio biográfica, medio ilusoria–, en la que el juicio de la posteridad es lo que realmente importa, y no tanto el legado preciso. Parece una advertencia a los políticos de hoy, gobernantes y disidentes. Sin embargo, lo específico de la obra, quizá se revele en una frase. Todo gira en torno a una "isla dividida" por los odios y la atracción entre el oficialismo y su oposición, a veces polos que se intercambian ante los ojos, crédulos o desconfiados, de esa masa ambigua, comúnmente llamada pueblo. • 

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